”¿Cuál sería tu epitafio?”, me preguntó. ¡Vaya! No lo había pensado, me dije. Interrumpió mi silencio para comentarme que Marco Aurelio Denegri había dicho que su epitafio diría: ”Nadie es imprescindible”, sencillo, macanudo. Encontré muchos otros, aquí algunos:
“Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo.” Miguel de Unamuno
“Aquí reposan los restos de un ser que poseyó la belleza sin la vanidad, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad y todas las virtudes de un hombre sin sus vicios.” de Lord Byron para su perro Botswain
“Cambié de Trabajo: Ahora crío malvas” Aexo
“No llores hombre … que no tardas en alcanzarme” Juan carlos Baldwin T.
”Si queréis los mayores elogios, moríos.” Enrique Jadier Poncela
Para sellar este post, el epitafio que estamparía mi lápida:
Bienvenido, la muerta es sólo una puerta.


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